KRONIKÓN DEL 2004

 

La gran noticia del año fue el atentado en la estación de Atocha. Diez explosiones y 300 muertos que trastocaron todas las previsiones de la sociedad española, cambiaron el gobierno y nos trajeron el talante, una nueva manera de ser, estar y parecer. También hubo explosiones en el metro de Moscú, en la escuela de Beslan, y sobre todo en Irak, tras un año de guerra y más de 100.000 muertos. A su lado lo del muro de Cisjordania y las revueltas en Haití fueron pura anécdota. Claro que los palestinos perdieron, en extrañas circunstancias, a Yasin y a Yaser Arafat, sus líderes más carismáticos. Y los norteamericanos a Ronald Reagan, Christopher Reeve, y Marlon Brando, entre otros. Nosotros nos quedamos sin Javier Bello Portu, Imanol, Martín Ugalde y el árbol de Gernika, que se secó. Y todos perdimos al gran Ray Charles. ¡Ah! Y a Pantani.
Pero ganamos un montón de medallas de oro en Atenas: Iker Martínez y Xabi Fernández en vela y Sara Carracelas no sé cuántas en natación paralímpica. Hubo también otras de plata y bronce. También añadimos diez nuevas estrellas doradas a la gargantilla de Europa y la de Turquía, casi casi, a punto. Descubrimos el manuscrito de Lazarraga, y después unas galerías romanas en Arditurri. Y en Cannes nos deslumbró un gordo de nombre Michael Moore con su palma de oro, con la que fustigó al presidente Bush, que a pesar de Guantánamo, Abu Gharib y su domadora payasa, repitió en las elecciones USA.
Las primeras imágenes de Marte que nos envió el Opportunty nos indicaban que allí hay agua. Aquí también y en abundancia. Año de mucha nieve, mucha lluvia y varios ciclones, que se remata con un terremoto de grado 8,6 Richter con epicentro en Sumatra, y sus correspondientes tsunamis, que producen la mayor catástrofe natural de la historia. Algunos turistas europeos denunciaron a la agencia de viajes. Hubo también temblores navarros, y dijeron que esa rareza era por el llenado de la presa de Itoitz. ¡Otra vez el agua! No se sabe si era agua o leche lo que apareció en Ernio. Le llamaron leche de luna, pero en inglés, y era algo inquietante, como el espectáculo de los coches accidentados, varados en los arcenes de las carreteras, por la huelga de las grúas. Y la ubicación de una incineradora en San Sebastián, que solo gustó a unos políticos y que dará mucho que hablar.

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